ASCENSIÓN

VITAMINAS PARA EL CORAZÓN, “No estamos huérfanos”

Domingo 4 de Abril de 2008

La Celebración de la Ascensión del Señor no es una fiesta de despedida, aunque cause esa sensación porque no es fácil captar su sentido.

Jesús ha quedado presente entre nosotros, pero de una forma distinta, aunque no menos intensa. Normalmente pensamos que la única forma de estar presente es la física, pero la presencia espiritual es, en muchos casos, tan verdadera como intensa. Jesús no se fue, simplemente dejó de ser visible.

En su sabiduría divina, Dios decidió que su Hijo “ocultara” su presencia física para que en la madurez de la fe, asumiéramos la responsabilidad de colaborar para mejorar este mundo. Nos toca a nosotros, sabiendo que Él está con nosotros.

Si Jesús hubiera quedado físicamente presente, tendría que huir de nuestros millones de peticiones y pretensiones absurdas. ¿Ya se imaginan? Solo en Honduras pasaríamos todo el tiempo nombrándole en todas las comisiones posibles: combustibles, la huelga de los fiscales, los centros penitenciarios, la depuración de la policía, los fondos de la estrategia de reducción de la pobreza, licitación de medicamentos, enseñanza de la educación sexual en los colegios, etc, etc, etc.

No es Dios el que se ha ausentado en nuestro mundo. Somos nosotros los que no estamos donde debemos estar y no hacemos lo que debemos hacer.

Si no vemos a Dios por ninguna parte, es que hemos dejado de hacer lo que nos toca desde nuestra responsabilidad como cristianos. Si dejó de caminar por nuestros caminos es porque esperaba que nosotros continuáramos haciendo lo que Él nos enseñó.

Cuando Jesús comienza a ascender, los discípulos clavan su mirada en el cielo por mucho tiempo, siendo necesaria la llamada de atención de dos ángeles: “Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo?” (Hch 1,11).

La espiritualidad no consiste en una actitud evasiva y huidiza. Toda espiritualidad debe conducir al compromiso, sino es apariencia y falsedad.

¿Es que acaso fueron insuficientes los 33 años de su vida o los 40 días después de su resurrección? Pero si Él nos enseñó que quien se acerca a Dios, se acerca más a los demás. Y también puede suceder lo contrario: quien se aleja de Dios, se aleja también de sus hermanos.

Tal vez hemos mal interpretado una de las expresiones del Credo: “Subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre”. Cada vez que pienso en ello, recuerdo que en una ocasión, un profesor de Teología Dogmática preguntaba a los seminaristas sobre el significado de esta afirmación ¿qué significa que Jesús está sentado a la derecha del Padre? Y uno de los seminaristas respondió: “Es simple: significa que el Padre está sentado a la izquierda del Hijo…”

Ese es nuestro problema: tomar en sentido literal estas afirmaciones y pensar que Jesucristo entró en un estado de vacaciones permanentes o inactividad.

Su glorificación (ascensión), le ha “liberado” de las cadenas espacio-temporales, de tal forma que está presente en donde lo ha prometido: “Si alguien me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos nuestra morada en él” (Jn 14, 23).

“Donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18,20) Y también en los que sufren: “Tuve hambre, me diste de comer; tuve sed, me diste de beber…” (Mt 25,35-40)

Nadie tiene el monopolio de su presencia y nadie puede encerrarlo: ni en los dogmas, ni entre cuatro paredes, ni un libro, ni en las teorías. Somos muy amigos de “estudios”, cálculos, encuestas y porcentajes. Pero Dios es más grande que cualquiera de nuestros cálculos.

No nos desanimemos. Así como la Tierra tiene una órbita en la que a veces está más cerca del sol y otras más lejos, así es la humanidad y cada uno de nosotros.

El que cree en Jesús no puede vivir de brazos cruzados, trabaja haciendo el bien hasta que su Señor vuelva.

Decía la Madre Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”

Que Dios les bendiga,

Su hermano, José Jesús Mora

1 comentario en “ASCENSIÓN

  1. Querido Padre Mora:
    Mil gracias por sus mensajes tan llenos de espiritualidad y cariño, me llenan y me ayudan mucho. Siempre lo recuerdo con especial cariño y lo llevo en mi corazón. Dios lo ilumine y lo guie siempre, llenándole de miles de bendiciones y lo proteja. Un fuerte abrazo desde U.S.A.

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