Lección de Fe

VITAMINAS PARA EL CORAZÓN, Domingo 17 de Agosto

“Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarles: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David” (Mt 15,22)

Este es uno de los pasajes más escandalosos e impresionantes por lo que Jesús dice y hace. Él mismo nos había invitado a pedir confiadamente: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llame y se les abrirá” (Mt 7,7-12).

La mujer cananea no pide para sí misma, sino por la salud de su hija. Pero, sorprendentemente, Jesús la ignora y luego la rechaza con una frase dura: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos” (Mt 15,26)

Pero, ¡¡¡¿qué le sucede a Jesús?!!! Si lo hubiera dicho en nuestro tiempo, seguro le diríamos al oído: “cuidado, Señor, que te están grabando y luego ponen tu video en youtube”.

Jesús repite el apelativo despectivo que los judíos daban a los paganos: “perros”. No hay en los evangelios otra escena más chocante de parte de Jesús que esta.

¿Ponía a prueba la fe de esta mujer o la trataba mal de forma gratuita e injustificada? Jesús no nos dijo nada sobre su intención. Ni siquiera trató de justificar su actitud. Pero parece que logró lo que quería: darnos una gran lección de fe.

La fe de la mujer es tenaz y perseverante. No se deja desanimar ni desmoralizar. No se desespera ni se enoja. Está dispuesta, por el bien de su hija, a llegar hasta las últimas consecuencias. Llevaba casi todo en contra: la mujer era menospreciada en ese tiempo, era extranjera (pagana) y, además, cananea (eran de los principales adversarios de los judíos). Pero iba “armada” de una fe blindada a prueba de desaires e insultos.

Esta mujer demostrará a los que no son judíos, que es posible pertenecer al pueblo de Dios, no por medio de la raza, sino por medio de la fe: “Ya no hay distinción entre judío y no judío, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer. En Cristo Jesús, todos sois uno” Gál. 26, 28. No es el título el determinante, sino el grado de confianza en Dios.

Es tan grande la humildad de esa mujer que acepta como válido el insulto de “perro” y, astutamente le da vuelta a la situación: “Sí, pero hasta los perros comen de las migajas que caen de la mesa de los amos”.

Actuando así le “arranca” a Jesús no solo el milagro deseado, sino un extraordinario elogio: “Mujer, qué grande es tu fe”. Hacen “pulso” y la mujer gana. La fe siempre salva.

Jesús, en complicidad con la mujer cananea, echará por bajo el prejuicio religioso al que se aferraban los fariseos y, en general los judíos. Detrás de ese aparente celo religioso, se escondía el deplorable menosprecio por ciertas personas. La ecuación, desde el punto de vista judío era sencilla: ser judío era ser religioso, es decir, bueno. Ser extranjero era ser pagano, es decir, malo.

Dicen que en una ocasión, un pordiosero que entraba a la Iglesia a pedir limosna, era sacado con poca delicadeza una y otra vez. Hasta que cansado, le puso la queja a Dios: “-Mira, Señor, que no me dejan entrar en la Iglesia”. Y Dios le respondió: “-Y de qué te quejas, hace mucho tiempo a Mí tampoco me dejan entrar allí…”

No en vano, San Juan nos afirma “Dios es amor”. De tal modo que la verdadera diferencia no está entre los que van y no van a Misa. Sino entre los que aman y no aman. Donde hay amor, allí está Dios (Ubi caritas, Deus ibi est).

La mujer cananea nos dejó esta gran lección: si confías que Jesús puede hacer algo a favor tuyo o de tus seres queridos, pide, ora, no te desanimes, persevera, sé humilde, pide de varias formas, se creativo, se testarudo, no desistas hasta lograr lo que necesitas.

Todos somos un poco cananeos. Hay momentos desesperantes en nuestra vida. Pero cuando le damos la razón al Señor, salimos ganando. Es lo que hace la mujer: asombrosamente, Jesús le llama “perro”. Y ella, con humildad le da la razón para utilizar el argumento a su favor, pues hasta los perros son protegidos y alimentados por su amo.

Si le decimos a Dios: “Es verdad, Señor, me lo merezco, pero ten misericordia de mí”, muchas cosas podrán cambiar. Tenemos que vencer esa soberbia con la que cuestionamos los designios de Dios en nuestra vida. “Es verdad, Señor, me he equivocado, pero necesito que saques algo bueno de esos errores”.

Es tan conmovedora la auténtica humildad, que hasta Dios “lleva las de perder” cuando le damos la razón. Jesús se sintió muy feliz de salir vencido por la fe humilde y tenaz de la cananea. Esta es la única arma con la que Dios se deja vencer: la fe, la confianza total en Él.

Que Dios les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

1 comentario en “Lección de Fe

  1. Querido Padre Mora:
    Gracias por esos hermosos mensajes que complementan los momentos de nuestras vidas y nos impulsan positivamente a explorar nuevas àreas del conocimiento que nos llevaràn a un crecimiento espiritual.

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