VIVIR CON LA LÁMPARA ENCENDIDA

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VITAMINAS PARA EL CORAZÓN, Domingo 9 de Nov. de 2008

Al acercarnos al final del año litúrgico, las lecturas insistirán sobre la virtud de la vigilancia, cuya intención no es la de provocar miedo o ansiedad, sino el estado de alerta necesario que nos prepara para el encuentro con Dios.

“El Reino de los Cielos es semejante a diez doncellas que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, sensatas” (Mt 25,1-2)

Atentos, porque no dice que 5 eran inteligentes y las restantes, tontas; sino que las diferencia la prudencia. Ya el mismo evangelista Mateo nos había hablado de esta diferencia la diferencia con una pequeña alegoría de Jesús en el capítulo 7: Sensato es aquel que construye su casa sobre la roca, y necio el que la edifica sobre arena (Mt 7,24-27), diferenciando al que pone en práctica la Palabra de Dios, del que solamente la escucha.

La parábola no nos dice que las doncellas necias se durmieron y las sensatas no, sino que más bien subraya: “Les entró el sueño a todas y se durmieron” (Mt 25,5)

La vigilancia no se puede confundir simplemente con la capacidad de desvelarse, de vencer el sueño. El Señor no nos exige que renunciemos al descanso, sino que rompamos con la maldad, con las obras de las tinieblas, que venzamos todo lo que se opone a la luz y la vida. Para ello, necesitamos una buena provisión de “aceite”: mirar con esperanza al futuro para vivir el presente con mayor discernimiento y sensatez.

Dos extremos debemos evitar: el esfuerzo por hacer pronósticos de cuándo será el fin del mundo, porque muchos se atreven a hacer conjeturas catastrofistas con expresiones fanáticas, que no pueden dar como resultado una sincera conversión, sino más bien, espanto y terror.

El otro extremos es del displicente que piensa que el Señor se ha olvidado y no cumplirá su promesa volver un día.

No sabemos el día y la hora, pero sí sabemos que hay que estar preparados y vigilantes y el Señor nos ha dicho cómo se puede estarlo.

Cristo nos ha dado la dirección del camino, pero no la duración del viaje: “Si alguno quiere servirme, que me siga; y donde yo esté, estará también allí mi servidor. A quien me sirva, mi Padre lo glorificará” (Jn 12,26).

Y esta preparación es personal: cuando las necias pidieron a las sensatas un poco de aceite, la respuesta de estas últimas parece muy egoísta: “Como no vamos a tener suficiente para ustedes y nosotras, será mejor que vayan a la tienda y lo compren” (Mt 25,9)

Esto no significa que las sensatas no quisieran compartir. Es que hay realidades y valores que no se pueden “transferir”. El encuentro con el Señor es personal e insustituible, nadie puede hacerlo por nosotros o en nuestro lugar. Cada uno es protagonista insustituible de su historia y responsable de sus actos. Cada uno tiene que dar su propia respuesta de fe al Señor. No basta decirles a otros que oren por ti.

Muchos tratan de adivinar el futuro. El cristiano no tiene necesidad de conocer la fecha exacta. El creyente no es alguien que viaja tenso con el calendario en la mano; no es alguien que ya sabe todo de antemano. Su preocupación no debe ser, en cuanto a la fecha, estar “informado”, sino más bien la de estar preparado.

Esa reserva de aceite para la lámpara es una buena dosis de fe, de esperanza, de amor para tus seres queridos, que hará mucha falta en momentos críticos.

Los matrimonios, normalmente comienzan bien, con mucha ilusión. La vida del trabajo también: con mucha entrega y dedicación. Muchos proyectos y actividades comienzan bien. Pero el aceite en esa lámpara no va a durar para siempre, hay que tener una reserva aparte para alimentar la luz de la lámpara.

No hay que dejar las cosas para más tarde. El aceite para mañana se tiene que conseguir hoy. La oración de cada día tiene alcances insospechados: uno vive como ora. Usualmente decimos que no tenemos tiempo para “esas cosas”. Pero de ese “paréntesis” que hacemos en medio de nuestra vida agitada, dependerán muchas cosas después. Como decía Bonhoeffer, teólogo protestante alemán: “La oración temprana decide sobre el día”.

También lecturas edificantes que inspiren sentimientos y acciones nobles en nosotros. No hay recetas perfectas, cada uno debe hallar la manera de procurarse el aceite para que su lámpara esté encendida.

Que Dios les bendiga.

Su hermano, José Jesús Mora

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