En la literatura griega, Pigmalión era un escultor Rey de la isla de Chipre que buscó durante mucho a la mujer perfecta para casarse. Por demás, un hecho no muy frecuente, pues por lo general sucede todo lo contrario. Creo que las mujeres son más selectivas y cuidadosas al momento de elegir.
Buscó hasta cansarse. Y frustrado en su búsqueda comenzó a crear esculturas de mujeres preciosas. Una de estas esculturas, a la que nombró Galatea, que significa “Blanca como la leche”, era tan bonita, que terminó enamorándose de ella.
El rey se sentía atraído por su propia obra, y no podía dejar de pensar en su amada de marfil.
En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Venus que se celebraba en la isla, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. La diosa, que estaba dispuesta a atenderlo, elevó la llama del altar del escultor tres veces más alto que la de otros altares. Pigmalión no entendió la señal y se fue a su casa muy decepcionado pues, aparentemente, no sucedió nada.
Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. Después de mucho tiempo de contemplarla, el artista se levantó, y besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador.
¿Qué aplicación tiene esta historia en la vida laboral?
Las expectativas de los Directivos se reflejan en el desempeño de sus colaboradores. Si un empleado se siente valorado por su Jefe, apreciado por lo que hace, éste empleado va a exhibir un alto desempeño en su trabajo, su rendimiento será alto, pues la autoestima influye en su esfuerzo.
Pero si continuamente recibe reproches, se siente menospreciado, subvalorado, su desmotivación e indiferencia irán en aumento.
Todo Jefe tiene una determinada imagen de sus colaboradores y los trata según esta imagen que de ellos tiene.
Etiquetar a un empleado como inútil o “malo”, sabotea toda posibilidad de mejora y superación en ellos.
La motivación de un empleado no surge de la nada. Ni se fundamenta únicamente en el salario que recibe, sino en el respeto de su condición como persona y en la valoración de lo que él hace por la Organización.
Esta satisfacción es una energía poderosa que motiva al empleado a enfocar su atención y sus fuerzas a realizar bien su trabajo, estableciendo un “Círculo Virtuoso”: “hago bien mi trabajo, mi jefe lo nota y me lo reconoce, estoy feliz y con deseos de seguir haciendo bien las cosas y mejor que antes”. Estos son los empleados productivos para la Organización.
Parece simple, pero no todos los jefes y Directivos ponen en práctica este principio. Ya que dan por supuesto que el solo hecho de tener trabajo debería ser suficiente motivo de gratitud por parte del empleado. Aunque así fuese, no está contribuyendo a desarrollar todo el potencial de ese empleado.
Nada compromete y motiva como el reconocimiento y la valoración. Hágalo con sus empleados y, al cabo de un tiempo notará cómo su actitud positiva influye en la actitud y conducta de sus subalternos.
Aún si usted se considera un “Buen Jefe”, piense qué mejoras puede introducir en el buen trato en su sitio de trabajo y, por lo tanto, efectos que tendrá.
De cualquier forma, mi recomendación final, para usted, que se animó a leer este artículo, con cierta curiosidad, es la siguiente
-
Utilice siempre un lenguaje positivo: dígales “sé que lo puedes hacer”, en lugar de decirles “ojalá que puedas hacerlo”;
-
“Siempre he creído en ti” en lugar de decirles “no creo que usted tenga la capacidad”;
-
“Este es un buen comienzo” en lugar de decirle “la próxima vez hazlo mejor”.
Que excelente apreciación y observación, comparto sus ideas y lo más positivo es que cuando uno quiere obtener lo mejor de alguien pués hay que tratarlo muy bien. Nadie es MEJOR QUE NADIE, en este mundo TODOS SOMOS IGUALES y debemos dejar el odio, rencor y envidias fuera de nuestras vidas.
Saludes Padre Mora
Gracias, Isabel. Espero que este nuevo año sea de muchas bendiciones para ud. y su familia.