LA TRANSFIGURACIÓN

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VITAMINAS PARA EL CORAZON, Segundo Domingo de Cuaresma

LA TRANSFIGURACIÓN


En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos” (Lc 9,28-29)


El relato del Evangelio para el segundo domingo de cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, corresponde a la Transfiguración de Nuestro Señor.


Si el Primer Domingo de Cuaresma vemos a Jesús en la situación extrema de su condición humana, sometido a la tentación, en este domingo vemos a Jesús en el esplendor de su condición divina. Estos son dos aspectos de un solo acontecimiento: la Pascua.


En nuestra vida experimentamos también situaciones de tribulación y otras de realización y gozo. Pero no pensemos, en el caso de Jesús y el nuestro, que son casualidades. Unas tienen que ver con otras. Es más, se llega a la luz a través de la cruz (“Per crucem ad lucem”): la resurrección de Jesús es el fruto de su vida entregada y de su muerte en la cruz.


La vida exige esfuerzo. Tenga usted la edad que tenga, si esperaba que la vida fuera más fácil, mejor olvídese de eso. Todos experimentamos, hasta cierto punto, preocupaciones, dolor y enfermedad. Carl Jung decía que “el ser humano necesita dificultades; son necesarias para la salud”.


Nuestro Señor sabe que para seguir este camino necesitamos pausas para tomar aliento y de situaciones que renueven nuestras motivaciones y esperanzas.


En el relato, Jesús elige tres testigos privilegiados para darles un adelanto de su gloria: Pedro, Santiago y Juan, que serán los mismos a quienes les pedirá que le acompañen a orar en el momento de su agonía en el huerto de Getsemaní.


Hay que recordar que Jesús les ha anunciado su muerte y esto les tiene confundidos y desanimados. Al final de cada anuncio les habla de su resurrección, a lo que prestan poca atención por el escándalo de sus pre-anuncios de padecimientos y muerte.


Al subir al monte, ocurre una metamorfosis que los dejará helados. No fue un gran esfuerzo por parte de Jesús, ni un montaje al estilo de un concierto de rock. Más bien, el gran esfuerzo que Jesús hacía era el de “reprimir” su condición divina para no “imponerse” o deslumbrar a sus oyentes con el riesgo de no dejar paso a la fe libre y auténtica.


Pero en ese momento extraordinario de su Transfiguración, Jesús no está solo; hay dos personajes que están a su lado y dialogan con Él: Moisés y Elías; uno representa la ley y el otro, a los profetas; en conjunto, el Antiguo Testamento.


“Dijo Pedro a Jesús:

-Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

No sabía lo que decía” (Lc 9, 32)


Pedro, de profesión pescador, parece animado por otro oficio: el de constructor. Ofrece un proyecto que parece hospitalario: construir tres “chozas” para el Señor y las visitas deslumbrantes. Quiere capturar, retener y prolongar ese momento de gloria que resulta más satisfactorio y gratificante que la cruda realidad que les espera al bajar del monte. Quiere detener el reloj al sentir que se alcanzó la meta sin hacer el esfuerzo por recorrer todo el camino.


Aunque loable la intención de Pedro y la de todos los que quieren construirle más que una choza a Dios, Él se empeña por bajar a nuestra tierra y “filtrarse” entre nosotros. No parece haberle incomodado en su nacimiento el no haber encontrado sitio en una posada.


Dios no tiene necesidad de “metros cuadrados”, sino de los centímetros de nuestro corazón.

Dios no se presta al juego del ser humano de quererlo atrapar y limitar en las cuatro paredes de una Iglesia o un templo. De nada serviría tratar de encontrarlo allí, si tratamos de alejarlo de nuestro domicilio.


Tenemos la tentación de tratar de vivir nuestra fe en la “comodidad” del templo o de nuestro grupo de oración o el movimiento eclesial al que pertenecemos, dentro del cual podemos decir como Pedro “¡Qué bien se está aquí!”.


Pero esos momentos no son para refugiarnos huyendo de nuestras pruebas y de los retos de la vida. Son momentos para renovar nuestra esperanza, son momentos para “cargar baterías” para luego bajar del Tabor al “campo cotidiano de batalla”.


Tal vez te preguntarás, “¿qué tiene que ver la Transfiguración del Señor con mi vida?”


En primer lugar nos recuerda quién es Cristo. Y lo hace en un momento en que algunos cineastas, “científicos” y escritores, quieren tergiversar su vida y su obra, su mensaje y su alcance. Es el Hijo de Dios, es verdadero Dios y verdadero hombre. Anclado en las dos orillas,  la divina y la humana, nos sirve de “puente” para que vayamos al Padre.


Pero además, Jesús quiere darnos la seguridad de que todos los instantes de nuestra vida son transfigurables: todos pueden conducirnos de la lucha a la victoria, del egoísmo al amor, de la muerte a la vida. Es la fuerza transformadora de la fe.


Lucas tiene el sumo cuidado de contarnos que la Transfiguración de Jesús ocurrió “mientras oraba”.


He aquí la respuesta para quienes se preguntan de qué “sirve” la oración…


Que el Señor les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

7 comentarios en “LA TRANSFIGURACIÓN

  1. Gracias Dios porque siempre tienes algo bueno que comunicarme, gracias por hacerte cercano en cada Eucaristia, gracias hermano Jesus, por la enseñanza de este domingo y nos ayuda a vivir nuestra cuaresma en amor a Jesus, bendiciones

  2. Muy bueno el mensaje..
    Dios quiere nuestro corazón, allí comienza su Obra.

    En cuanto a la transfiguración, la biblia nos muestra que lo que le ocurrió al cuerpo físico de Jesús, le va ocurrir al cuerpo místico que es la Iglesia.

    Bendiciones..

    • Así es, Gersson, en 1 Cor. 15,35-53 Pablo habla de la Resurrección y trata de aproximarse qué sucederá y cómo. Y lo que alcanza a decirnos es que «al toque de la Trompeta Final, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados»

  3. Exelente, me agrada mucho la respuesta final, la oracion, es la clave principal, para nuestra transfiguracion personal, a veces por el tiempo nos limitamos y nos dejamos llevar por nuestros problemas del dia a dia y el entorno que nos rodeo, es de ser fuertes y consistentes, para realmente entablar esa conversacion con armonia con nuestro padre celestial, gracias Lic.Mora por su mensaje.

    cuidece y exitos y bendiciones para usted y su familia.

    saludos desde tegucigalpa.

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