Los salvadores del Salvador. Los Santos Inocentes.

Si hay una fecha que muchos recuerdan es el 28 de diciembre. Ese día varios se dedican a engañar o hacer bromas justificando que es el día de los Inocentes. Esas personas, si de verdad supieran el verdadero significado histórico, dejarían de hacer bromas. No quiero ser aguafiestas, pero siento mi deber explicarles lo sucedido en ese hecho histórico.

El evangelista Mateo nos narra que un ángel se apareció a José en sueños y le dice que tiene que huir a Egipto con María y el niño Jesús porque Herodes busca al niño para matarlo. Y es que los magos de oriente, al llegar a Jerusalén, se dirigieron donde se supone nacen los reyes: al palacio de Herodes, quien se puso alerta, les pidió regresaran cuando lo hayan encontrado, y al no regresar, se sintió burlado. Y queriendo ahogar un posible movimiento mesiánico, tomó la decisión de mandar a matar a todos los niños recién nacidos de dos años hacia abajo. Este era Herodes, déspota, amigo de la violencia, aferrado al poder cueste lo que cueste. No muy diferente de muchos que gobernantes y dizque “líderes políticos” de nuestro tiempo.

Y sucedió una matanza de inocentes. Algunas fuentes históricas señalan que fueron unos 144,000 los niños asesinados. Y muchas madres que gritaban sin comprender “¿Por qué?” Fueron arrebatados de la tierra. ¿Por qué? Podríamos preguntar nosotros. Porque, aunque todos sabemos que moriremos, duelen más las muertes prematuras. Por eso se le llama “la muerte de los santos inocentes”. Y no podemos endulzarla, pero tampoco hacer mofa o bromas desde un acontecimiento como este que se repite bajo otras formas: la guerra, el aborto, la hambruna, la pobreza, la falta de medicamentos, la desnutrición, las amenazas diarias que sufren los niños en la calle, en los semáforos, de los niños abusados y maltratados.

Un acontecimiento como estos, golpea nuestra fe: ¿acaso Dios no tenía suficientes ángeles como para enviar a cada casa de Belén para proteger a los niños? Pudo hacerlo, pero su hijo no se encarnó en cuento de Disney, sino en el mundo real, que muchas veces es un mundo violento. Pero si es así, ¿porque Jesús huyó? Si hubiera muerto allí su redención no hubiese sido menos efectiva porque ya había asumido nuestra naturaleza humana. Esa muerte nos hubiese salvado lo mismo que la muerte que llegaría 30 años después.

Pero ¿creeríamos en Jesús sin sus mensajes, sin sus milagros, sin sus parábolas y enseñanzas, sin su pasión, muerte y resurrección? Dudo mucho que así fuera. Así que huyó por nosotros. En realidad no huyó del todo, solo retrasó su martirio, simplemente empezó a morir un poco más despacio, para que nosotros creyéramos, para que nosotros entendiéramos.

Esos niños fueron los primeros mártires, los salvadores del Salvador. Toda violencia es inútil. Herodes mató a quienes no trataban de hacer daño. Y aún así no logró prolongar un solo día su reinado. Una enfermedad terrible lo consumió. Es el terrible destino de todos los violentos que cometen esencialmente dos errores: se equivocan de víctima y hieren a los inocentes.

Pero al menos consiguió algo para todos los que tienen que huir, dejar su tierra y migrar, darles la seguridad de que Dios los comprende y acompaña, porque ha vivido la misma agonía y dificultades que ellos. Huir era huir sin tener seguridad sobre lo que comerían cada día, con las amenazas propias de un camino incierto, sin waze ni Google maps. Durmiendo de día, caminando de noche. Jesús se convertía en el exiliado más joven de la historia. Porque si bien muchos padres huyen del país con sus bebés en brazos, Jesús fue perseguido por sí mismo, porque se le vio como una amenaza aún antes de poder hablar.

Por eso, recordar a los santos inocentes, a los salvadores del Salvador, no es un día para gastar bromas estúpidas y absurdas. Esa es la táctica de quienes quieren reír ante lo que no entienden y les da miedo o les confunde. Es un día para pensar el dolor que puede causar el abuso de poder y la ambición descontrolada de los poderosos. También pensar en el insustituible papel de José, de cuidar y proteger al Niño. Y que la Navidad no es una fiesta empalagosa que se puede reducir a rompopo, tamales y torrejas. Este niño es bandera discutida. Y desde el inicio nos toca elegir, o estamos con Él para hacer el bien, o del lado de las tinieblas haciendo el mal. Navidad es también llamado a conversión.

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