Al César lo que es del César. A Dios lo que es de Dios



Esta es una de las frases más conocidas del Evangelio, pero cuya interpretación no es tan fácil. La historia muestra cómo la misma ha sido interpretada de forma diversa e incluso distorsionada.

La actitud hostil de los fariseos había sido puesta en evidencia por Jesús en tres parábolas seguidas: los dos hijos, los viñadores asesinos y los invitados a la boda del hijo del rey.

Pasan de nuevo al ataque y buscan desacreditar a Jesús ante el pueblo o hacerle arrestar por las tropas romanas, proponiéndole una cuestión política que le obligaría a una declaración comprometedora para él, no importa la respuesta que diese.

La pregunta espinosa “¿pagamos o no pagamos el impuesto al César?”, que es tanto como preguntarle ¿nos sometemos o no a la dominación de Roma?

La presencia de algunos herodianos aseguraría la denuncia, en caso de responder negativamente, ya que les parecía lo más probable, teniendo en cuenta la opción de Jesús por el pueblo y que éste odiaba pagar un impuesto que les recordaba constantemente la dominación extranjera. El pueblo, testigo también de la pregunta, se separaría de él si contestaba de modo afirmativo, pues lo catalogaría como cobarde.

Esta vez, según sus enemigos, Jesús está “atrapado”. “Perderá, sea cual sea su respuesta”. ¡Qué trampa tan bien pensada!

Para entender correctamente la escena debemos recordar las circunstancias concretas en que vivían los oyentes de Jesús: Israel, un pueblo con tanta historia a sus espaldas, que amaba profundamente la libertad y la independencia de su nación, se encuentra ocupada por las tropas del emperador romano. El signo más visible y más odiado de esta ocupación era el impuesto que debían pagar al César todas las personas, incluidos los sirvientes; los hombres desde los 14 años, y las mujeres desde los 12, hasta la edad de 65 para todos imperaba esta obligación.

Pagar o rechazar este impuesto tenía para ellos un doble significado: someterse ante la ocupación y la pretendida divinidad del emperador o rebelarse. Someterse y pagar significaba abandonar la defensa de la propia independencia y la divinidad única de Dios, o reducirlas a puras palabras, ya que, según la concepción antigua general, uno se sometía al régimen en el poder mediante el pago de tributos e impuestos.

Rebelarse y no pagar obligaba a levantarse en armas, y así defender esa independencia y su reconocimiento de que solo tenían un Dios, teniendo por seguro el enfrentamiento con el ejército romano. La postura de los diversos grupos políticos y religiosos estaba muy dividida.

Jesús adopta, para responder, una “parábola en acción”. Les dice: “Tráiganme una moneda del impuesto”. Cuando se la trajeron, pregunta: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”. Le responden: “Del César”. (Mt 22,17-21)

La frase que sigue es una de las más recordadas en el Evangelio: “Pues den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Frase famosa que, a pesar de su claridad no es ninguna receta moral ni mucho menos una fórmula mágica.

“Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” es entendido a menudo como una respuesta cómoda para hoy día: dos dominios separados; cada uno en su casa, el cura o pastor en el templo y el político en el Congreso. Lo cierto es que ahora vemos con frecuencia una confusión de los papeles: el pastor habla como político y muchos políticos hablan como pastores, cada uno tratando de colocar ésta y otras frases bíblicas a favor de su postura, como si la Biblia fuese un manual más de estrategia política.

La frase de Jesús, dada a quienes pretendían meterle una zancadilla, no fue una respuesta evasiva o diplomática. Tengo la certeza de que ni en aquel momento, ni en el actual, le entendieron al Señor.

De haberlo hecho se hubieran dado cuenta de que su respuesta era mucho más comprometedora que un “sí” o que un “no”. Con el “sí” hubiera enojado a los judíos, con el “no” a los romanos.

Mientras con la respuesta que dio, hubiera tenido que enfurecer más bien a los dos grupos. Porque su frase iba contra esa falsa imagen que tenían los judíos de ver a Dios como un Emperador frente al cual hay que estar en “regla” pagando los tributos como el diezmo, y para los romanos que miraban al César como un dios omnipotente y absoluto. Los judíos regulaban la política con la religión y los romanos la religión con la política.

Jesús no bendice ni rechaza la resistencia política, no legitima ni descalifica la ocupación romana, se limita a señalar que si sus compatriotas aceptan la dominación romana es lógico que paguen el impuesto, que le “devuelvan” al César lo que el César invierte en ordenar la vida pública.

Pero la frase no concluye ahí. Suele olvidarse o minimizarse la segunda parte de su frase, que en realidad, es la más importante. Jesucristo no pretende la división de competencias (lo que es de Dios y lo que es del César), sino que afirma la primacía de Dios porque TODO ES DE DIOS. La consecuencia es que no puede haber en nuestra vida, en nuestras maneras de pensar y de actuar y, concretamente en nuestro comportamiento político-cívico, zonas independientes de nuestra fe, de la exigencia de actuar siempre al servicio de la verdad, de la justicia, del amor, de la libertad, de la igualdad entre seres humanos.

Este es el problema: saber unir dos afirmaciones que parecen contradictorias. Dios, Señor único, pide toda nuestra vida, incluidas también las opciones políticas y el trabajo en la sociedad, sean coherentes con la fe, estén penetradas de ella, sea el motor de actuación de cada uno.

Es grande la tentación de poner a Dios en los argumentos electorales o en las pasiones políticas. Pero la tentación contraria es igualmente mala: intentar evadir toda responsabilidad social. Entonces huimos del compromiso con nuestros hermanos, porque es en gran parte mediante la acción política hacer que progrese la justicia social y la calidad de vida.

Permanecer bien cómodos al margen de lo que sucede, elevar muchas oraciones y dejar que en el país las cosas vayan al ritmo de la corrupción, no es ser piadoso. Es ser egoísta, conformista, cobarde e indiferente.

Más que facilitarnos una receta en la relación fe-política, el Señor nos remite a una luz que ya poseemos: esa riqueza que se llama conciencia y sus consiguientes responsabilidades. Fe y política son dos realidades distintas, pero al mismo tiempo inseparables, siempre y cuando se entienda ésta última como la búsqueda permanente del Bien Común, que es el bien general de la Nación.

El principio que se deduce de la afirmación del Señor permite rechazar la separación completa entre la fe y la política, aunque evitando cuidadosamente la amalgama: ningún partido u opción política puede “acaparar” a Dios ni utilizarlo como aval de su ideología, pero todos, políticos o no, tenemos que rendirle cuentas a Él de nuestros actos.

En la respuesta de Jesús, “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, el acento está cargado intencionalmente en la segunda parte y quita peso a la primera.

La cuestión del tributo pasa a segundo plano, como si Jesús nos dijera: la moneda pertenece al emperador, pero ustedes, todos ustedes le pertenecen a Dios. Pues la moneda lleva impresa la imagen del emperador, pero ustedes llevan la imagen de Dios en su ser más profundo.

Y aunque la imagen y la inscripción pueden desdibujarse, como ocurre con las viejas monedas, que se leen con dificultad, sin embargo, nunca pueden borrarse del todo la imagen de Dios mientras tengamos la oportunidad de volvernos a Él, que en la Encarnación de su Hijo ha unido lo divino y lo humano.

José Jesús Mora

Licenciado en Filosofía y Teología

Máster en Liderazgo y Desarrollo Humano

18 comentarios en “Al César lo que es del César. A Dios lo que es de Dios

    • No tiene un sentido regulador para establecer una práctica. Jesús nunca tuvo intención de institucionalizar el diezmo. Sus palabras buscaban enseñarnos sobre Dios. En este caso, lo que representamos para Dios: somos su imagen y semejanza. Antes de la famosa frase, «Dad al César…», pregunta sobre la imagen que tiene la moneda. Si la imagen de la moneda es el César, el impuesto pertenece a los gobernantes. Pero si cada ser humano es creado o sellado con la imagen de Dios, a Él le pertenecemos.

      • mi conclusion es: dad a Dios la honra y la gloria debida a su nombre( dad todo el poder y majestad ) no habla de dineros , como los pastores q solo piensan en eso cambian su gloria del Altisimo por eso ; por dinero

  1. excelente explicación, es claro y conciso que no debemos mesclar la fe en Dios con las decisiones que tomen los políticos ya que de alguna forma le daremos cuentas a Dios de todas nuestras decisiones, sean buenas o sean malas.

    • Gracias por su comentario, Adriana. No mezclar, esa es la clave. Porque debemos buscar el bien común, que es el objetivo de la política, pero no contaminarnos de sus vicios. Saludos.

  2. Gustavo Sanchez ; trato de entender de que Jesús nunca intento institucionalizar el diezmo , o las ofrendas, pero el habla de que tenemos que ser dadores alegres en algún versículo de la biblia, y a que se refiere entonces, entiendo que en nuestro medio la gente acomoda la biblia a su conveniencia, pues van del antiguo al nuevo testamento como si fuera un juego de ajedrez , donde muevo esta pieza, y ahora que comparación hago, en fin tantas lagunas que aun se tiene con respecto a eso.

    • Estimado Gustavo: gracias por tu comentario. Fue Pablo, en la Segunda Carta a los Corintios, quien nos exhorta a ser generosos: «Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre» 2Cor. 9,13. Tiene razón en cuanto que mucha gente puede acomodar a su conveniencia la Palabra de Dios, más cuando se trata de dinero o algo que le beneficie. Por eso, cuando alguien le predique y no le pide dinero, ni como ofrenda ni como diezmo es buen signo, porque en su corazón, Dios le va a inspirar que ayude a quien verdaderamente lo necesite.

    • gustavo sanchez
      gustavo, la porción que citas, 2 Corintios 9:7b, es un texto fuera de contexto, pues no dice que tenemos que ser dadores alegres, en cuanto a llevar nuestros diezmos u ofrendas (dinero $$$) al lugar donde se reúna la iglesia sino que debemos prestar ayuda a los pobres, a las personas en necesidad, hacer limosnas u obras de caridad, socorrerlos como si fueran de nuestra familia (Mateo 6:1-3, 25:34-36; ver Romanos 12:8c). El apóstol Pablo, con sus colaboradores Bernabé y Tito, les pidió de favor a los hermanos corintios que apartaran algo con que prestar ayuda a los hermanos de Jerusalén que estaban pasando hambre (Hechos 11:27-30, 12:25; 1 Corintios 16:1-3; 2 Corintios 8:16-19; ver Romanos 15:24-31). Tampoco fue algo impuesto a la iglesia en general, pues sólo se les pidió a Macedonia, Acaya y Corinto (Romanos 15:24-31; 2 Corintios 8:1-9:15). Se ha de ayudar a las personas necesitadas, enfermas o presas, con despensas, agua embotellada, ropa, medicinas, etc., pero nunca con dinero mucho menos depositar en cuentas bancarias de x fundación.
      Los diezmos y ofrendas (siempre en especie: productos del campo o ganados) que contempla la ley de Moisés, fue exclusivamente para los israelitas o para los habitantes de la nación de Israel (Éxodo 19:1-9, Levítico 27:30, 32, 34; Deuteronomio 12:1, 11, 14:22-29; Malaquías 1:1, 3:6-12, 4:4).
      Este primer pacto, hecho por YHWH y la casa de Israel por medio de Moisés, fue abolido por Jesucristo en su muerte para dar inicio el segundo pacto, de acuerdo a Hebreos 8:6, 7 y 13; ver Lucas 16:16a).

  3. Muchos dicen q esta cita significa que la religión y politica deber siempre estar separadas . pero sin embargo ambos deben lograr una compenetración, para gobernar con justicia equidad y misericordia.

  4. Me gusto mucho esta lectura, yo no creo en Dios y por ende no creo en los «pastores» que se hacen ricos con la fe y la esperanza de otros. A veces veo iglesias llenas de personas que si un pastor les dice que de todo su dinero al pastor ellos lo harian, como repito estas personas viven de la fe y a veces de la desesperación de otros por obtener una bendición que nunca llegara.
    Como me gustaría que estas personas pudieran leer este texto y ver la interpretación así, se pondría un alto a este tipo de delincuencia disfrazada de iglesias y pastores.

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