VITAMINAS PARA EL CORAZÓN,
SEMANA SANTA. DOMINGO DE RAMOS
Iniciamos la Semana Santa con la tradicional procesión de Ramos. Es inevitable hacer alusión a este signo que para algunos es mera tradición, para otros superstición, para otro tanto fanatismo, pero para un buen grupo de fieles, gracias a Dios, es un compromiso.
Tradicionalmente, después de participar con devoción en la Liturgia de este día, volvemos a casa y colocamos nuestros Ramos en forma de cruz detrás de la puerta. No es una garantía para alejar a los ladrones y otros males de nuesra casa (sería más efectivo una alarma). Colocados en lugar visible, los Ramos deben recordarnos cada vez que entremos a nuestro hogar, que a Jesucristo, a quien hemos alabado en este día, no podemos después traicionarle olvidándole en el rincón de nuestra indiferencia. Cada día se presentará la oportunidad de confirmar que le aclamamos como Rey de nuestra vida y de nuestra familia.
Lamentablemente, lo que sucedió aquélla semana en que Jesús sufrió su Pasión, no es cosa del pasado, la historia se repite: las mismas voces que recibían a Jesús con el ¡Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor!, tan solo 5 días después vociferaban en su contra: ¡Crucifícalo! Y los ramos, que habían sido elementos de la bienvenida, se transformaron en palos y lanzas amenazantes para apresarlo el viernes de esa semana. ¡Cuánto nos cuesta la fidelidad, la lealtad a Dios y la perseverancia en la fe!
La narración de esos acontecimientos se convierten en profecía anticipada de lo que sucederá siempre en el mundo y en el corazón de cada uno: resume la forma en que tratamos a Cristo.
Si la Pasión de Nuestro Señor se lee completa en este Domingo, no es simplemente para hacer memoria de esos acontecimientos. Es para que elijamos nuestro papel en este drama, es para identificarnos honestamente con el personaje que mejor nos va, pues nadie es espectador pasivo.
Pero es también para invitarnos a una conversión importante y necesaria ,rompiendo de una vez por todas ese guión y haciendo uno nuevo: no lavarnos las manos como Pilato, sino más bien asumiendo responsabilidad. Haciendo lo que Pedro no hizo: afirmar su amistad con Jesús, en vez de negarla. Guardando la espada de la ira, en lugar de darle rienda suelta. Llevando la cruz como Cireneo, pero de buena gana, sin que nadie nos obligue. Que los sacerdotes en vez de acusar en el Sanedrín, reconozcan sus propias culpas. Que el gallo cante un poco antes, pues los remordimientos nos llegan demasiado tarde. Que el beso de Judas sea de amistad y no de traición.
La Semana Santa no puede ser más de lo mismo. No puede ser, como decía un borracho al asistir a todos los actos religiosos, “lo mismito del año pasado…”
Algo tiene que cambiar y mejorar en nuestra vida durante estas celebraciones, durante estos días, durante estas reflexiones.
Que Dios les bendiga
Su hermano, José Jesús Mora

Que preciosisima reflexion Padre Mora, ud. como siempre escrito todo directo desde su corazon,…
Muchas gracias,
Dios lo ilumine siempre y le siga llena de espiritualidad.
Un abrazo desde USA.
Hola mi estimado P. Mora!!!
Me encanta su reflexion…. es muy interesante porque asi uno puede cuestionarse cada una de las cosas q menciono…
Gracias por compartir su conocimiento con nosotros…
Saludos a la distancia! 😉
Hola, Rosita: qué bueno que le es muy útil e interesante. Usted siempre ha estado unida a la Iglesia por su formación en el Colegio y su integración en grupos juveniles. Le pido a Dios que esa llama no se debilite, sino que se fortalezca e ilumine a los que le rodean.
mil Gracias por tan edificante mensaje…saludos.
promovere este blogs es maravilloso, es como suave brisa en un prado seco.
Una reflexión que hace actual el acontecimiento, que hace no solo escuchar y participar como un oyendo olvidadizo o curioso, sino como un verdadero creyente que acepta el reto de seguirle y hacer lo correcto. Dios le bendiga José Jesús y a tu bella familia. Te deseo lo mejor. Roberto paiz.